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Las Mujeres de Carolia

Por Hernán Lara Zavala

Está usted frente a un cuadro de Carolia. Como con todos los pintores interesantes, se dice usted: este cuadro se parece mucho a los otros que ella pinta. Es el mismo ámbito, los mismos colores, la misma textura y todo en ellos produce la sensación de sensualidad, de melancolía, de abandono y de nostalgia. No importa el tema: al situamos firente a sus cuadros la reacción es semejante. Y es que en cada pintura, Carolia encierra una historia. Afortunadamente ella nunca nos la cuenta. Apenas la evoca, la roza, la insinúa. Como la de aquella mujer que miraba eternamente al mar en espera del regreso del amante que nunca existió. Y cuando uno observa un cuadro tras otro la pregunta obligada es. de donde salió todo ese mundo? Qué tuvo que vivir la artista para obsesionarse de esa manera por sus mujeres y sus fantasmas, por sus objetos y sus añoranzas?

Ahora reconoce que siempre se sintió pintora. La vocación se inicia como una voluntad pero los caminos siempre son sinuosos. Entre sus recuerdos descubre en el principio la imágen de Andrea Palma en la película EN LA PALMA DE TU MANO. Andrea Palma, la de LA MUJER DEL PUERTO. Una mujer descubre a otra mujer. Y en qué momento llega la decisión? Y si hiciera teatro?, se pregunta. No, no posee las dotes histriónicas. Además es tímida Y si hiciera cine, que tanto le gusta? Tampoco, demasiado caro y complicado. Carolia, la hermana mayor de una familia de cuatro mujeres y un hombre, asume su primogenitura. Es la consentida de papá a quien reconoce como su formador. El mundo femenino no le es totalmente hostil: su madre representa para ella la emotividad y la alegría de vivir. No obstante, en su fuero interno siente el deseo de ser todo lo que su madre no es. Hacer su vida por ella misma, crear su propio mundo.

Piensa en sus antecedentes familiares y recuerda que una de sus abuelas dibujaba. La infancia y la juventud de Carolia transcurre entre mujeres a la sombra de un padre Cardenista y comecuras. Se pierde en la Facultad de Filosofía y Letras, entre brujos y científicos, para estudiar Psicología. Acaso por ello en sus cuadros se siente una búsqueda interna en sus figuras, sus mujeres tienen psicología, algo que no puede decirse de todos los pintores.
Pero para que ellas surjan todavía pasarán algunos años. Está a punto de culminar la carrera de Psicología y se siente insatisfecha. El ambiente bulle por el mundo. En París, en Praga, en Berkeley. Y de repente le llega el 68 como un bálsamo que le permite la revelación y la rebelación, se hace Marxista. Empieza a dibujar de manera artesanal para apoyar el movimiento: diseña carteles, conoce gente, se relaciona con los integrantes de La Espiga Amotinada y cuando se da cuenta se ha convertido en pintora sin haber pintado.

Ingresa al taller de Mario Orozco Rivera. El la inicia en la técnica del acrílico y del color, aprende a preparar las telas, trabajar con pinceles, con brocha, con pistola, con esmeril.
Se encuentra por fin en los comienzos de lo que será su carrera. Transcurren dos años y un buen día, Gilberto Aceves Navarro al ver uno de sus cuadros colgado en la pared y exclama sin más: "De quién carajos es este cuadro?"
Con Aceves Navarro como su nuevo maestro empieza a liberar el trazo. Se lanza a la búsqueda de su tema. La hija del comecuras se inclina hacia lo místico y empieza a pintar religiosas, vírgenes y monjas.

Hay una cierta sensualidad y una dosis de decadencia: monjas crucificadas, vírgenes en poses provocativas, figuras en conflIcto para liberar sus energías internas.
De San Carlos pasa a la Esmeralda, para ella más académica.
Regresa a San Carlos. Empieza a nutrirse de influencias externas: admira la pintura de Van Gogh a quien ama por sobre todos los demás pintores. También aprende de Cezanne, de Tolouse, De Gaugin, de Francis Bacon, de Edward Hopper. Entre sus colegas mexicanos contemporáneos admira a Máximino Javier, a Toledo, a Pedro Coronel por el color, a Rafael por el trazo figurativo, a Aceves Navarro, su maestro, a Castro Leñero, a Cauduro y a Magalí que fue su alumna en el curso de Diseño.

También le gusta la literatura. Su primera exposición llevó el título de "Felices los normales", basado en un poema de Roberto Femández Retamar del mismo nombre. " Las mujeres vestidas de relámpago" es parte del poema del cubano que le entusiasma. El título de la novela de Heinrich Bohl, "Retrato de señora con grupo", bien podría haber inspirado alguno de sus cuadros. Y una de sus mas bellas exposiciones está montada en tomo a cartas famosas de políticos y literatos.

En 1967 conoce al hombre que le acompañará de por vida. El famoso "Chale" Si no hubiera sido por él quizás yo nunca hubiera expuesto", afirma. Chale, con su gran calidez, simpatía e inteligencia se convierte en su cómplice en la vida y aprenden juntos a ser libres. Curiosamente aprende de él que la pintura no puede subordinarse a los intereses de la política, que el arte panfletario no es arte. "La política es praxis, se ejerce cuando uno sale a la calle, cuando se arriesga" le dice él. Chale le ayuda a adquirir un compromiso con la vida. La política en la calle. El arte en el estudio. Y es entonces cuando Carolia descubre que la Pintura es sagrada.
Hay que desechar dilemas y dudas, olvidarse de lo teórico, encontrarse a sí misma, se dice. Nunca la tientan los vaivenes de la moda. Ni el arte abstracto ni el pop ni el arte conceptual. Desde el inicio opta por la pintura figurativa con ecos de magia y de misterio, con una fuerte propensión al rojo, al blanco y al azul. Sus figuras serán en lo fundamental aunque no exclusivamente, mujeres, mujeres bellas arquetípicas, intemporales , parecidas todas entre sí, de cabello negro y largo, de poses sugerentes, como si todas fueran una sola y misma mujer la mujer universal - que se multiplica sin cesar dentro y fuera de los cuadros como el alter ego de la propia Carolia que mientras las pinta se pregunta

Qué le pongo? Dónde la pongo? Para descubrir al final ella misma que ignora porqué pinta y porqué sale lo que sale. Para reflejar al ser humano con su cuerpo, para buscar la esencia de las formas, para darle vida a una intuición. Esas mujeres se plasman como seres evanescentes, de mirada perdida en la inmensidad del lienzo, que le dan la espalda al mundo o lo miran siempre evadiendo al observador y al mismo tiempo modificándolo haciéndolo presa de lo que observa. Y algo semejante sucede con los objetos que pinta Carolia. Todos adquieren vida porque con ellos evocamos sin remedio a su correspondiente humano ya sea una silla , un retrato y una carta , unas flores, una habitación con teléfono descolgado y una cama bien tendida. Son como sus mujeres en las que vive simultáneamente un deseo, una frustración, mujeres trazadas con rasgos delicados, femeninas, con los vestidos al viento, como seres en constante duda cuestionado al ser y su destino .

Y ahora estas mujeres se ven rodeadas de fantasmas, fantasmas que todos llevamos dentro y que aparecen cuando uno menos lo imagina, fantasmas que nos hacen recordar el momento aquel en que nos placíamos o vivir los nunca vividos.

Eso es lo que tiene usted cuando se encuentra frente a un cuadro de Carolia.

Luego de verlo usted ya no será la misma persona.